jueves, 12 de febrero de 2009

Italianni´s

Estimados amigos:

Veerán, ayer por la noche me encontraba saliendo del cine, momentos después de presenciar la maravilla tridimensional de Henry Selick "Coraline y la puerta secreta", la cual deja con la boca abierta a individuos de todas las edades, llega a ser tan divertida, fantástica y escalofriante a la vez, que lo primero que se antoja hacer al salir de esas enormes salas, es llenar el vacío estomacal que se produce, si es que no se es un fan de los nachos con queso, los hot dogs, las palomitas y esas cosas que se venden al triple de su valor real en cualquier complejo cinematográfico. Yo que me quejo de estas cosas y lean lo que me sucedió al dejarme engañar por la publicidad de los restaurantes, que ofrece promociones que siempre esconden algo en esas letras chiquititas que no alcanza a leer ni un ojo biónico. Esta vez es el caso del famosísimo Italianni´s , al cual la mayoría aunque sea alguna vez en su vida ha ido. Recuerdo que aproximadamente hace diez años solía ir ahí con mis padres, era increíble saborear esas deliciosas pastas gigantes, a las cuales no les cabía ni una pizca más de condimento, acompañadas de una sangría con sus pedacitos de manzana flotando, con los que bastaban dos vasos para sentirme un poco... mareada; y al final, un enorme y clásico pay de queso con zarzamora, para subirse al coche con una sensación extrema de arrepentimiento y pesadez. En fin... esos maravillosos recuerdos son sólo eso, pues nunca volveré a ese dichoso lugar después de lo sucedido anoche. Para ser más precisa, me encontraba con mi acompañante en la sucursal de Altavista, yo tenía la absurda idea de que nos regalarían todo el vino de la noche, para mi desgracia se me indicó que sólo sería una copa por persona, si cada uno pedía un plato fuerte o una pasta. Como sabrán, el vino es lo mío, por lo que decidí tomar la promoción al ordenar unos ravioles rellenos de queso en una salsa cremosa, yo diría más bien lechosa, de champiñones (enlatados) y un toque (casi innotable) de vino blanco. Mi acompañante optó por una tradicional pizza margarita, que más bien era pan árabe relleno de queso, cubierto con unas cucharadas de salsa de tomate "de cajita", y un poco de pintura blanca que se les cayó del techo, lo que después supimos era "queso philadelphia". Cabe mencionar que el mantel de cuadritos era el más sucio que haya visto, además de que las sillas se caían en pedazos, a decir verdad, eso fue un toque gracioso. Después de haber pagado la generosa cuenta de 240 pesos, y haber hecho los pertinentes reclamos a la gerente en turno, lo único que obtuvimos fue un mal sabor de boca, literalmente hablando, y una cortesía por un Formaggio con espinacas, alcachofas, queso crema y queso parmesano de E.U en mi próxima visita, ja ja ja, ¡no chinguen! Ésta cortesía únicamente la cobraría si viniera muerta de hambre después de una semana en el desierto, y por casualidad una nave espacial me transportara directamente a ese restaurante. Amigos, me despido por hoy, esperando les sea de utilidad este reporte, a lo que concluyo, ¡LOS GRINGOS NO SABEN LO QUE ES UNA PIZZA MARGARITA! HASTA PRONTO.

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